viernes 25 de diciembre de 2009

Luces de navidad

El resplandor de la llama sobre el pivote de la vela, lentamente derritiendo la cera, iluminaba el ambiente. Más velas se fueron prendiendo, una prendía a la otra. De repente la gélida noche parecía una conjunción de miles de astros ardiendo sobre las manos de todos los presentes... era Navidad.

viernes 18 de diciembre de 2009

De los años

En efecto, habían pasado años. Pero el tiempo es engañoso, pues depende de algo que no puedo explicar del todo. A veces lo sentía como algo que apenas acabara de ocurrir hace una semana, cuando iba camino a casa y recorría los mismos lugares donde ella y yo solíamos estar. Otras veces, cuando pasaba por lugares donde alguna vez estuvimos, lugares a los que tenía mucho tiempo sin ir, tenía la sensación de que en realidad habían sido más de cincuenta años los que habían pasado entre hoy y aquel lejano pasado; tal vez una vida entera, me parecía a veces. Me parecía no ser el mismo, me parecía estar distante, tener recuerdos de otra vida, de otro entonces, recuerdos que me pertenecían pero que hace mucho habían dejado de ser míos. Me daba una nostalgia tremenda. Me asaltaban imágenes de un ayer distante, o de un ayer que parecía no tan distante, y quería correr hacia su encuentro, como si todo fuera tal y como entonces solía ser, como si no hubieran pasado ya un montón de cosas… un montón de años.

Alguien me dijo que el tiempo todo lo destroza, todo lo deshace. Eso fue hace mucho, una tarde que iba camino a verla y se me había hecho tarde. Un hombre me paró y me contó la historia más triste del mundo. Me entretuvo mucho, no me atrevía a irme porque tal vez mi sola presencia, o el hecho de que alguien lo escuchara (aunque fuese un extraño como yo) le brindaba algún tipo de consuelo. Y por más pequeño que éste sea, un consuelo nunca debe negársele a nadie. Estaba esperando el autobús y se me acercó, me preguntó si no sabía dónde estaba la Cigarrera, y le dije en qué dirección se encontraba, pero que aún estaba muy lejos, tal vez a un día de camino. Su apariencia era humilde y su acento extranjero, pero no me dio mala espina, eran los años antes de la ola de violencia e inseguridad que azotó a la ciudad y aún se podía confiar un poco en la gente extraña. Comenzó a decirme la razón de su búsqueda, un poco desalentado después de saber que aún le quedaba un largo camino por recorrer: era un indocumentado de Centroamérica que había tratado de llegar a los EE UU, pero lo detuvieron en la frontera y le quitaron todo lo que tenía. No sé cómo fue a llegar al estado vecino, pero ahí le dijeron que tal vez podría encontrar algo de trabajo en la Cigarrera de la ciudad. Así caminó hasta llegar a aquella esquina donde me encontraba. Había pasado por mucho el tipo: su familia se moría de hambre muy lejos de ahí, y él mismo se moría de desesperanza sentado junto a mí; no sé qué lo mantenía vivo ni caminando. Me llamó “amigo” y me pidió algunas monedas para comprarse un pan, porque hacía dos días que no comía nada. Le di lo poco que traía, ojalá le pudiera haber dado más; me acababa de gastar diez veces lo que le di en algo estúpido, y me sentí muy mal por eso. Me dio las gracias más sinceras que en mi vida he escuchado, con una muy tenue sonrisa y unos ojos enrojecidos, jamás me han dado las gracias así. El tipo se moría de hambre, de cansancio, tal vez hasta de desesperación, sabía que no podría pagarme lo que le acababa de dar, así que era una vergüenza extra, y aún así fue lo suficientemente cortés para agradecerme lo poco que ayudé. Mientras se retiraba echó una última mirada al largo horizonte delante de él, escondido entre una multitud de edificios, y me dijo: “el tiempo todo lo manda a la mierda”.


Ahora, sentado en la misma esquina, pero esperando otro autobús distinto al que me solía llevar por aquellos rumbos que sé que nunca más podré visitar, me dio por pensar lo mismo.

lunes 2 de noviembre de 2009

Hoy no

Hoy 2 de noviembre, día de los muertos, tenía un cuento corto para publicar, pero por razones de espacio y tiempo, mejor hoy no... Mejor hoy les regalo este corto poema titulado como el mismo post: Hoy no.

Hoy me he vestido de negr
o,
y se me han negado el sol y la noche.
Hoy no hay nada en el horizonte
salvo desconcierto, nada más.

Hoy todo es negro, no puedo ver,
no tengo oídos para nadie,
no hay pasado ni presente,

no hay nada.

Hoy me visto también de silencio,
mis penas las llevo dentro
.
Hoy me visto también de irracional,
para mi cordura hoy no hay tiempo.

Hoy no soy yo, hoy no
soy nadie,
soy llanto, soy desesperación,
soy sentimientos, no carne ni huesos,
soy aire, soy etéreo, no materia.

Hoy tampoco hay perdón.
Hoy no hay nada.
Mañana no sé, pero hoy no.
Hoy quiero estar solo con mi dolor.

sábado 31 de octubre de 2009

Bitácora


Octubre llegó entre vientos fríos y días lluviosos. Al pasar los días la lluvia se detuvo, nos ofreció una tregua y el sol salió; pero después volvió a llover, la tregua se rompió y el frío viento regresó.

Octubre llegó y me venció. Me sentía tan diferente, lleno de expectativas, y me había olvidado del tiempo. Septiembre terminó y selló mi suerte, y yo distraido ni cuenta me di. Cuando octubre entró a mi vida me trajo funestas noticias:
-¿Te acuerdas del pasado? ¿Y te acuerdas de septiembre, el que acaba de pasar? ¿Te acuerdas de lo que significa? ¡Adivina lo que acaba de pasar!-.
Un vistazo a mi pasado fue lo que esas palabras me dejaron, y resonaron en mi cabeza hasta regresarme a mi mísera realidad. Sentí al pasado como una mano que me tomó y me sacudió, me dijo cruelmente:
-¡Despierta! Ese no eres tú. ¡Tú eres esto! Eres nada-.
Tiene razón.

Octubre llegó acompañado de mil fantasmas. Llegó entre días nublados. En unos días se irá, pero no así los fantasmas, ellos se quedarán. Mi pasado jamás me va a dejar en paz. El tiempo tenía que pasar, a él nada le puedo reprochar... y ella se iba a casar.

Octubre se va en un día soleado, pero frío. Y yo, yo ya no sé a dónde voy a parar con tanta tristeza.

viernes 30 de octubre de 2009

La clase del jueves

Mis conclusiones:

La existencia es ese tiempo que todos tenemos. Es como un lienzo, sobre el cual vamos pintando nuestra vida: el pasado ya lo pintamos; el presente lo estamos pintando; y el futuro lo pintaremos sobre la marcha, aunque podemos trazar con lápiz lo que queremos pintar. ¿De qué se trata la vida? De decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado, de decidir qué pintar...

Bonitas analogías las que se me ocurren.

domingo 11 de octubre de 2009

Hace años que

Esperando a que se llegue la medianoche, el plazo se cumpla y pueda decir una vez más que soy más viejo de lo que ayer fui; tantas cosas vienen a mi mente.

Cuando comenzamos a decir la frase "hace años que..." significa que ya estamos demasiado viejos para algo, que el tiempo que ha pasado desde un acontecimiento cualquiera hasta este punto es bastante significante como para no poder evitar el mencionarlo. Tal vez ya estoy viejo, pues en la recolección de este día se me vienen a la mente tantos "hace años que", algunos de ellos demasiado nostálgicos, otros no tanto:

- Hace años que no como elote en vaso.
- Hace años que no pruebo una nieve estilo jalisco.
- Hace años que no compro un disco, cualquiera, de cualquier músico.
- Hace años que no me compro un pantalón de mezclilla (y vaya que lo necesito).
- Hace años que no duermo hasta medio día por no tener nada mejor que hacer, o porque simplemente puedo hacerlo.
- Hace años que no escucho la canción de la película "Titanic". ¡Y tanto que la escuchaba cuando tenía 12 años!.
- Hace años que no veo la playa.
- Hace años que no voy a una de esas convenciones de cómics.
- Hace años que no voy al teatro.
- Hace años que no visito a la familia de mi padre.
- Hace años que no me pongo total y completamente ebrio.

- Hace años que no me rasuro la barba (o lo poco que me sale).
- Hace años que no veo Mtv.
- Hace años que tengo los mismos lentes.
- Hace años que no iba a la escuela.
- Hace años que no me iba tan bien en la clase de Historia.
- Hace años que no veo a tantos amigos que quisiera volver a ver.
- Hace años que no hablo por teléfono con nadie por más de 2 minutos.
- Hace años que no siento la ternura de unos labios.
- Hace años que se me quitaron las ganas de ambicionar.
- Hace años que me di cuenta de lo que es perder, perder para siempre.
- Hace años que no me puedo quitar esta tristeza.
- Hace años que me siento tan solo.

Hace veintitantos años ya que nací...

miércoles 23 de septiembre de 2009

Otoño frío

Hace días que llueve.

Hoy llovió desde la madrugada. A mitad de la tarde la lluvia cesó de súbito, por completo, y comenzó a hacer un frío hermoso en toda la ciudad. Vaya manera de empezar el otoño. Salí del trabajo y me fui caminando a casa, como siempre. Al principio me calaba el frío, pero después el mismo ritmo de mis pasos me hizo sentir calor. Ahí estaba, con las manos metidas en los bolsos de mi chaqueta, caminando cabizbajo, a ratos acelerando el paso, a ratos tomándome mi tiempo. De repente sacaba las manos de mis bolsas y me las ponía a la boca para soplar aire caliente; a ratos miraba el paisaje, y veía lentamente al día despedirse y a la noche nacer entre luces mercuriales. La tarde estaba gris, las calles estaban solas, y yo también.

Llegué a casa muy acalorado, abrí la ventana de mi cuarto y eso bastó para que en segundos volviera a sentir el dulce frío invadir todo el ambiente. Siento que el aire me quiere decir algo, que quiere hablar conmigo y sus palabras son ese frío tan delicioso que siento. Que rara es la vida: tan impredecible, tan inquietante, pero tan sutil que ni notas lo que el tiempo ha hecho contigo… ¿Cómo será mi vida dentro de una semana? ¿O dentro de un mes? Ni siquiera me quiero poner a pensar dentro de un año, pues ahí sí que me entra el miedo. Cuesta tanto acostumbrarse a las cosas que cuando te las arrancan de súbito te duele. Y cuesta tanto comenzar desde cero… Como me dice Nayely: “Levantarse del piso duele” (aunque no lo dijo con el significado que le doy, sino más bien literalmente), pero aún así nos tenemos que levantar.

Bienvenido el otoño, adiós al verano, adiós a otras tantas cosas. Y que pase lo que tenga que pasar, que venga lo que tenga que venir.

viernes 18 de septiembre de 2009

2 años ya


Que linda está la mañana, en que vengo a saludarteeeeee
venimos todos con gusto y placera felicitarteeeeee...

2 años ya con este blog. Y siguen muchos posts más!

viernes 11 de septiembre de 2009

El maestro Pacheco y yo

Hoy tuve la grata fortuna de conocer en persona a José Emilio Pacheco. Asistió a la presentación de un libro que sobre él publicó la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL (donde estudio), que realmente es una compilación de varios poemas suyos.

Llegó apoyándose en su bastón, y reverenció los aplausos del auditorio. Después de la presentación leyó y comentó algunos de sus poemas. Hombre muy humilde y sencillo, simpático, con un gran sentido del humor, se veía más viejo para alguien de 70 años, pero tal vez es el precio que pagan los intelectuales, envejecen más rápido. Al final me firmó mis libros “El principio del placer” y “Las batallas en el desierto”.

-¿Los dos?- me preguntó él.

-Los dos- le contesté con una sonrisa como la que me ofrecía.

-¿Cómo te llamas?- mientras abría la portada del primero de ellos.

-Alfredo- le dije.

-Alfredo- repitió en seguida, y una vez más cuando terminó y me los entregó: -Aquí tienes, Alfredo-.

-Muchas, muchas gracias maestro- le dije mientras intercambié una cordial mirada con él, para después ser retirado de la enorme fila casi a empujones por mis demás compañeros.

¡Qué gran señor! Esta es una de esas cosas que jamás se me van a olvidar, y tengo 2 autógrafos para recordármelo.

La "y"


En los muros ruinosos de la capilla
florece el musgo pero no tanto
como las inscripciones: la selva
de iniciales talladas a navaja en la piedra
que, unida al tiempo, las devora y confunde.

Letras borrosas, torpes, contrahechas.
A veces desahogos, insultos.
Pero invariablemente,
las misteriosas iniciales unidas
por la "y" griega:
manos que acercan,
piernas que se entrelazan, la conjunción
copulativa, huella en el muro
de cópulas que fueron, o no se realizaron.
Cómo saberlo.

Porque la "y" del encuentro también simboliza
los caminos que se bifurcan: E. G.
encontró a F. D. Y se amaron.
¿Fueron "felices para siempre"?
Claro que no, tampoco importa demasiado.

Insisto: se amaron,
una semana, un año o medio siglo.
Y al fin
la vida los separó o los desunió la muerte
(una de dos sin otra alternativa).

Dure una noche o siete lustros, ningún amor
termina felizmente (se sabe).
Pero aun la separación
no prevalecerá contra lo que juntos tuvieron.

Aunque M. A. haya perdido a T. H.
y P. se quede sin N.,
hubo el amor y ardió un instante y dejó
su humilde huella, aquí entre el musgo
en este libro de piedra.


(José Emilio Pacheco, "Los trabajos del mar")

lunes 31 de agosto de 2009

Todo agosto


Muy buen mes este agosto, como hacía tiempo que no me tocaba uno. Por fin siento que ciertas cosas están floreciendo, y yo me siento contento. No recuerdo cuándo fue la última vez que me sentía así.

En la escuela las cosas de maravilla: me encantan las clases, las materias, los maestros y mis compañeros. Por fin pude llevar a la rondalla al campeonato del Intra, donde nos quedamos el año pasado, y sacar esa espina.

Un único pero, aunque grande: cerraron los MMCinemas Tec. No me enteré ni cómo ni cuándo, mucho menos por qué, pero se fueron, y yo me quedé sin un lugar a dónde ir a ver buen cine, lejos de toda la basura comercial que se proyecta en absolutamente todas las salas de cine de la ciudad. Recuerdo que una de las primeras películas que fui a ver ahí era Rescatando al soldado Ryan, por allá de 1998, y creo que la última que vi fue Sin nombre, apenas este mayo pasado. Y ahí quedaron las tardes en que me iba caminando (pues me queda relativamente cerca), cabilando, a veces con sol, otras con lluvia, otras con frío, unas veces solo, otras acompañado, muchas veces de día, otras de noche, quedaron los recuerdos de las películas que vi, la gente que conocí, las cosas que me tocó vivir ahí dentro, los momentos que pasé, y queda el anhelo de las películas que no veré, la gente que ya no me acompañó a ese pequeño lugar que hoy se ve totalmente deshabitado y marchito. Ahí queda el único cine que me gustaba...

domingo 16 de agosto de 2009

Intra 2009

He aquí el fruto del trabajo y esfuerzo de un grupo de personas. Desde el director hasta cada uno de los que fueron a apoyar. He aquí el punto culminante de una preparación, de un proceso,... y de un sueño.

18 personas trabajando, sudando y cantando a esa música que nos une, que nos hace cómplices, compañeros de una y mil batallas, las que han pasado y las que están por venir, y que nos deja una huella imborrable en nuestras vidas.


Señores: ha sido un placer y un honor para mí compartir el escenario con todos y cada uno de ustedes, y que me hayan dejado llevarlos hasta aquí. Vamos por más, por mucho más.

¡Felicidades a todos, Nota de Amor!
Un triunfo más para la historia.

jueves 16 de julio de 2009

Todo se mueve de lugar

Todo lo cambia el tiempo, y mi vida no es la excepción.

Escribo después de saber que he sido aceptado en la Facultad de Filosofía y Letras, y que estoy a punto de convertirme de nuevo en estudiante, pero ahora de letras y no de ecuaciones.

Habrá muchos cambios en la cotidianidad de mi realidad, pero ahora, en este instante, no se cuáles serán. Mientras aguardaré.
PD. También cambio la foto, pues el de la foto anterior ya no soy yo, sino el que solía ser yo.

sábado 4 de julio de 2009

Votar o no votar... el dilema

Siempre había sido uno de esos niños que dicen no estar interesados en la política, “porque todos los políticos son iguales, porque me dan asco, porque siempre ganan los mismos, porque esto, porque lo otro, etc.” Cuando tenía 17 años fue año de escoger gobernador estatal, y no me podía registrar para votar porque mi cumpleaños número 18 era en octubre y la fecha límite era julio (pues en julio era la elección), lo cual me enfureció (a pesar de no importarme mucho el hecho de votar) porque fue una prohibición del mismo gobierno, así que decidí no sacar mi credencial para votar nunca… pero nunca es mucho tiempo. Hace 3 años fue tiempo de renovar presidente, y en medio de un sentido patriótico que jamás había sentido fui, y contra mi principio inviolable, saqué mi credencial para votar después de hacer fila por unas 14 horas. Por primera vez supe el valor de un voto, de lo que significa haber nacido en México y tener voz sobre lo que pasa en el país y no desentenderme con mil pretextos, y de cuánto afecta nuestra actitud hacia el sufragio.

Mañana es día de votaciones en México. Voy a ejercer mi deber y derecho y voy a hacerlo consciente de lo que el Estado necesita, y no de lo que unos cuantos dicen que necesita. Por meses ha habido campañas sucias, apoyo ilegal del actual Gobierno estatal que busca dejar un sucesor de su mismo partido, y apoyo de muchas personas que ven por sus propios intereses, por lo que “les conviene” como individuos pero no como Estado. Me ha dado tanta rabia ver cómo los candidatos se echan votos a su bolso comprándolos con los pretextos más ridículos mientras se olvidan de lo primordial, y me da tristeza ver cómo México retrocede cada vez más hacia los días del imperialismo, del tricolor prepotente, arbitrario, censurador y ambicioso de más y más poder, ahora con otra fachada de candidatos jóvenes y apuestos y slogans que dicen “el partido de hoy” como si se nos pudiera olvidar que toda la vida han sido los mismos y han buscado lo mismo. Estos 6 años de Gobierno estatal no han sido los mejores, pero la gente común y corriente no se pone a pensar en que para construir el parque Santa Lucía que tanto pasean los fines de semana tuvieron que correr a mucha gente de sus casas y muchos negocios quebraron durante las construcciones porque no se podía ni pasar por ahí; no se ponen a pensar en todos los meses de caos que provocó la ampliación aérea del Metro (que aún sigue provocando desajustes viales) ni en cuántas veces el Gobernador se hizo de oídos sordos cuando los ciudadanos le dijeron que querían el Metro subterráneo; no toman en cuenta que estos 6 años los camiones han aumentado año tras año hasta llegar a lo que cobran hoy en día, y que mucha gente que depende de ellos ha visto su economía deteriorarse porque el Gobernador dice que esto “es necesario”; no quieren enterarse de todo el dinero derrochado en el dichoso Forum ni quieren saber de los hospitales cerrados bajo el pretexto de “reubicación”, de las escuelas que no se construyeron, de las obras urbanas que no se repararon ni de todas las quejas silenciadas “a la fuerza”, como los viejos braceros a los que nunca se les dio respuesta alguna de todo el dinero que se les arrebató. Pero lo más importante es el nivel de violencia que ha caído sobre el Estado desde ese 2003, y la censura que trata de tapar a todos los secuestrados, a los ejecutados, a los asaltados, a las mujeres violadas, a los inocentes asesinados, y a toda la droga que se mueve por el Estado y lo poco que se ha hecho a nivel estatal para combatirla. En estos últimos meses se han regalado despensas a diestra y siniestra entre la gente de escasos recursos con la promesa de seguir regalándolas si gana el candidato del Estado, y hasta el agua y el Metro salen gratis como medida de promoción, y un sinfín de promesas sin sentido han sido pronunciadas por todos los abanderados del partido del Estado, mientras los medios de comunicación difaman sin descanso a los del partido opositor y denuncian cada movimiento del Presidente como si fuera él el culpable de la crisis económica.

Mañana saldré a votar, esperando que todas estas tácticas sucias no terminen con la esperanza y el futuro que el Estado y el País se merecen. Mucha gente tal vez no piense ni vote igual que yo, pero yo diré NO a la delincuencia, NO a la maldita corrupción que selló el rumbo del País entero desde 1929 hasta el 2000. Será un pequeño grano de arena el que ponga, pero nadie podrá decir que no hice mi parte.

lunes 18 de mayo de 2009

Adios Benedetti

Triste la partida del poeta, que nos deja con el nudo en la garganta. Seguiremos por seguro leyendo sus versos infinidad de veces...

Rostro de vos

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
(Mario Benedetti)

Recordar para sentir

Me parece estar viendo la vida con ojos familiares pero a la vez nuevos.

Por poco ni me acuerdo de este día, que siempre he tenido tan presente. Fue el sueño que tuve hoy temprano el que me hizo recordar la ocasión que antes era, y que tanto significado daba a mi pasada vida. Creo que ese sueño me lo regalaron porque fue maravilloso, no quería despertar de tan dichoso que me sentía, pero tuve que despertar y respirar de nuevo la realidad, y ahí fue cuando pensé que un regalo como ese solo podría venir de tan grandioso ser omnipotente, ése con el que a veces me peleo tratando de negarlo de las maneras más racionales y filosóficas posibles, pero que en el fondo quiero creerlo real.

Tengo miedo que un día de estos ya no recuerde nada de esto en lo absoluto, que no recuerde la fecha ni lo que pasó hace ya tantos años, y tengo mucho miedo de no volver siquiera a soñar con tanta felicidad, pero mientras pueda seguiré evocando en mi memoria tan gratos recuerdos, tan fuertes sentimientos y tan hermosa fecha.

Porque en un día como hoy pero hace mucho tiempo conocí el amor.

martes 31 de marzo de 2009

Pausa

Un montón de cosas han pasado por mi cabeza últimamente. Me siento abatido, derrotado, tratando de encontrar desesperadamente un sentido a las cosas, o de encontrarle gusto a la vida, pero simplemente no me sabe a nada. Tengo que hacer algo al respecto.

miércoles 25 de marzo de 2009

Volví a creer

Su negro cabello luce de gala bajo los reflectores, y su brillante sonrisa la hace verse aún hermosa bajo ese vestido rojo que lleva. Se sienta al piano y de inmediato me enamoro de su voz, me enamoro de sus dedos y la música que emana de ellos, y ella me canta la canción más hermosa que he escuchado. Al cantar le está dando gracias a alguien por darle la fuerza para amar de nuevo, y su frágil voz hace que todo el auditorio se estremezca de ternura.

El recital ha terminado y solo pienso en ella, ya no me la puedo quitar de la cabeza y estoy seguro que jamás podré hacerlo. Esto era un concurso, y cuando dan los resultados todos nos sorprendemos de que ella no haya ganado. Todo termina y la gente se apresura hacia afuera del recinto a saludar a sus amigos, a consolar o a felicitar, a compartir opiniones sean cuales sean, y yo me desaparezco entre ellos abriéndome camino hacia la puerta trasera del teatro para esperarla antes que nadie, pero la puerta no está sola pues se me ha adelantado ya un montón de gente que espera a todos los participantes. Espero pacientemente y nada pasa, hasta que mis ojos vuelven a vibrar con el rojo de su vestido, y la veo de nuevo, aún con la sonrisa en su rostro y sosteniendo un ramo de rosas de papel.

No me conoce, no tiene razón alguna para acercarse a mí, y aún así me duele que se aleje cuando sus amigos corren a abrazarla y a encaminarla lejos de ahí. Quiero acercarme, quiero mirar sus grandes ojos y decirle que su canción me ha hecho sentir algo hermoso que hace mucho no sentía, decirle que me he enamorado de ella... pero cada vez la apartan más de mí. No la alcanzo, tengo miedo, se me va y no la alcanzo. Tal vez no debía ser, no estábamos destinados a cruzar miradas y mis palabras se quedan en mi boca y me las tengo que aguantar.

Probablemente no la vuelva a ver, pero por un breve instante esta noche volví a creer que el amor podía existir de nuevo, como en su canción. "Mariel" escucho que la llaman a lo lejos...

lunes 23 de marzo de 2009

Marzo

El día martes 17 de marzo de 2009 es el día que finalmente he puesto mis cartas sobre la mesa. Pienso jugarme el todo por el todo en una batalla en la que tengo más posibilidades de salir derrotado que triunfante, pero aún así me voy a divertir dándome de golpes con mi suerte. Es noche y noto que ha dejado de llover y el frío se disipa lentamente, convirtiéndose en una leve ventisca fresca que se deja sentir el resto de la noche hasta el día siguiente, cuando contrasta con el intenso sol amarillo claro que se asoma sobre el azul pastel del cielo y aún así se niega a desaparecer, refrescando el aire de este miércoles. Así es, tengo que levantarme y seguir con mi día a día esperando a que sea el momento… y muy pronto lo será.

sábado 14 de febrero de 2009

El primer poema


Ok, había tenido que poner "pausa" a mi actividad narrativa debido a mi actividad musical, y a responsabilidades que la misma conlleva. En fin... Vuelvo a este espacio con un poema muy simple, cuyo autor es un personaje de ficción de un libro que aún no se termina de escribir, pero la historia detrás de él es la siguiente:

Cuando Bruno y Sofía se separaron aquella tarde después de sellar sus destinos con su primer beso, Bruno corrió a su casa tan pronto se despidió de ella, viendo cómo el sol se ocultaba lentamente con cada minuto que él demoraba en llegar hasta su cuarto. Inmediatamente llegó y tomó una de sus libretas, aún agitado por todo lo acontecido, y comenzó a describir la sensación que lo invadía en unas líneas que se convirtieron en los primeros versos que Sofía llegó a leer de él, mismos que ella volvería a leer innumerables veces durante toda su vida.

Te amaré con toda la insolencia de mi juventud,
Con toda la pasión de mis labios,
Con el fuego de mis entrañas
Que arden al sentir el suave contacto de tu cuerpo.

Te amaré con los ojos cerrados,
Te amaré con mis manos, con mis brazos enteros,
Y con cada rincón de mi cuerpo;
Te amaré con el alma entera, como me has enseñado a hacerlo.

Te amaré con mi vida
Y con mi muerte si es preciso,
Te amaré con mi sangre y con mis huesos,
Te amaré una eternidad, lentamente y a cada momento.

Te amaré tanto hasta asegurarme de tocar cada fibra de tu ser.
Te amaré tanto hasta conseguir que me ames tú también.
Te amaré tanto… hasta que me duela.

jueves 8 de enero de 2009

Inicio de año

Terminó el descanso y volvió la rutina... al menos este año no hay sorpresas.

Parece haber empezado bien: el domingo 4 encontré mi viejo cubo de rubik y, por primera vez en mi vida, pude resolverlo por completo; el 6 me saqué el monito en la rosca de reyes, ayer fui a ver
"Nick & Norah's infinite playlist" y me fascinó, y hoy 8 comencé a escribir.

Feliz inicio de año (algo retrasado) para todos!!!

martes 30 de diciembre de 2008

Don Vicente

Aún tengo muy presente su imagen recorriendo lentamente de un lado a otro toda su casa. Su historia, en principio, es como muchas otras, pero llega a ser más admirable en la medida en que ponemos en retrospectiva un montón de cosas, como la unidad que reina en su familia, raro en estos días.

Nació en un pobre municipio de aquí del estado, hijo de gente humilde, trabajadores del campo. Le tocó nacer en esos años post revolucionarios, cuando el país todavía no salía del todo de las luchas y no se comenzaba siquiera a formar una identidad. Por esos tiempos las revueltas habían dejado al país semi deshabitado y las familias hicieron su trabajo de repoblarlo, por lo que cada pareja tenía al menos unos 6 hijos, y podían llegar a tener hasta 15 o más. Por lo poco que conocí de su pasado Don Vicente tenía muchos hermanos, pero no sé
exactamente cuántos. Muy temprano en la vida tuvo que aprender a ser hombre, a valerse de sus manos para vivir y salir adelante, porque para la gente del campo no hay de otra, y se quedó sin padre cuando era adolescente, por lo que su tío pasó a ocupar esos vacíos que los hombres necesitamos llenar con alguna figura varonil a quien mirar, a quien imitar, de quien aprender.

El destino hizo de las suyas y la gran tribu Olivares se fue dispersando hacia las ciudades, dejando esa tierra semi desértica que los había visto nacer. Unos cuantos de ellos llegaron en bola a la ciudad de Monterrey, que en ese tiempo estaba en pleno auge de crecimiento debido a la industria, y como muchas otras familias se refugiaron en un terreno pobre pero vasto, que aunque en un principio les hizo pasar frío, los mantuvo juntos como buena familia, rehusándose a perderse solos entre la vida y manteniéndose unidos hasta que ya no pudieran estarlo. Así con el trabajo de todos fueron convirtiendo una humilde vivienda de cuatro paredes improvisadas y un pobre techo en una casa bastante grande, que con el tiempo llegaron a conocer como la
“casa grande”; ahí vivían hermanos, primos, y después sus hijos, todos tenían en común el apellido y una porción de la sangre que corría por sus venas, y por un tiempo parecía que la población de esa casa solo iría en aumento.

Don Vicente se casó y su esposa y él ocuparon un cuarto de la casa grande, donde comenzaron a tener sus primeros hijos, por allá de los años 40’s cuando él era un joven veinteañero y su esposa una muchacha que ni siquiera llegaba a los veinte años. Don Vicente trabajó en varias ocupaciones, hasta que sus habilidades, su actitud honesta y trabajadora, y un poco de suerte lo colocaron en la industria del vidrio por muchos años,
como un obrero más, y a base de esfuerzo forjó poco a poco un patrimonio para los suyos. Pero todo ese arduo esfuerzo que había cargado durante más de la mitad de su propia vida le forjó también el carácter recio y machista que lo caracterizó durante casi toda su vida. Al tener a su cuarto hijo la pareja decidió que ya no cabían en la casa grande y fue hora de dejar el seno de la vieja familia para comenzar una ellos, la que hasta estos días prevalece; y así como lo hicieron ellos, antes y después se fueron marchando uno a uno los que habían llegado en bola y que habían conformado esa gran casa, hasta dejarla en manos del último que quedó ahí, y aunque ya no tenía la población de antaño, aún hoy en día todos se refieren a esa casa como la “casa grande”, los que la recuerdan y cuentan su historia.

En su nueva y pequeña vivienda Don Vicente llegó a tener otros 6 hijos, y a los 10 los crió junto a su mujer, como Dios y la ley mandan, con educación primaria, los catecismos de los sábados y las misas de los domingos. En la nueva casa, que también empezó con un par de cuartos, hubo muchos animales: gallinas,
marranos, y hasta una pequeña cabra que perteneció a la quinta hija de Don Vicente. El día de hoy solo hay un perro y dos tortugas de agua de una de sus nietas, la hija de la dueña de la cabra. A los diez hermanos les tocó ser educados con la mano dura de Don Vicente, que no vacilaba en corregirles a golpes cualquier mal hábito que se les hiciera, como tampoco cuando alguien le cuestionaba cualquier decisión que tomara, aunque ese alguien fuera su mujer la hacía callar de un golpe. Como hombre hecho a la antigua le dio por tomar y fue un vicio que le duró muchísimos años, durante los cuales sus noches de parranda significaron para sus hijos noches de preocupación hasta que una enfermedad, muchos años después, le quitó el hábito de beber de un solo jalón. Aunque de carácter iracundo y volátil, en el fondo era un hombre muy cariñoso, que en sus ratos de apacibilidad se sentaba con sus niños a demostrarles su cariño, y en las noches retozaba con su esposa, a la que nunca engañó y siempre dio su lugar. Demostró con su familia el cariño y la unidad que sus hermanos siempre le inculcaron, e igual les enseñó a sentirse siempre unidos, sin importar las circunstancias.

Poco a poco sus hijos fueron dejándole para hacer sus vidas, con su bendición, pero ninguno jamás dejó del todo la casa de Don Vicente, pues al día de hoy todos viven cerca de ahí y lo visitan por lo menos una vez a la semana. Don Vicente es hoy un hombre viudo; hace algunos 15 años que perdió a su mujer a causa de una enfermedad que en unos meses la consumió sin previo aviso. Para ese entonces aún quedaban 5 de sus hijos viviendo con ellos, una de ellas tenía otra hija. Cuando su esposa enfermó, la casa se llenó de los 10 hijos que, entre andar de un lado para otro, se hicieron cargo de lo que pudieron, hasta que llegado el momento ya no
hubo nada más por hacer. Todos lloraron la pérdida de esa mujer, el pilar de la gran familia que Don Vicente alguna vez en sus años mozos solo llegó a soñar. Los primeros años fueron especialmente difíciles para él, y sus hijos lo veían pasar horas sollozando en su cama, llamando a su difunta esposa entre lágrimas de soledad, las primeras que en su vida le tocaba llorar; decían que parecía un sonámbulo y, por primera vez en su enérgica vida, Don Vicente comenzó a verse y sentirse viejo.

En menos de una década envejeció muy rápido. Otros dos hijos de le casaron y solo quedaron en la casa 4 mujeres: tres de las hijas de Don Vicente y su nieta, hija de una de ellas. Por ese tiempo fue cuando yo le conocí, y me tocó presenciar la boda de la menor de sus hijas, la última en partir de su casa, pues las otras dos jamás dejarían esa casa a pesar de las oportunidades y los deseos fugaces de hacerlo, y al día de hoy viven con él, haciéndole compañía. A través de los años lo fui conociendo un poco mejor, por los cortos relatos que su nieta me contaba de su historia, los que unidos todos conforman lo hasta aquí escrito, y por ratos en que lo
veía y me dirigía la palabra para preguntarme cosas que balbuceaba golpeadamente entre su dentadura chimuela y sus largos bigotes plateados peinados hacia los lados. Tenía cejas muy pobladas que le acentuaban la mirada, estaba delgado, tostado de la piel y tenía las piernas tan arqueadas que caminaba con dificultad y padecía frecuentemente dolores en las rodillas. Sus manos eran enormes, toscas y fuertes, y se la pasaba todo el día ocupado en su patio haciendo de carpintero, hasta que el cansancio lo vencía y se metía a su cuarto a ver su televisor o a leer el periódico. Hombre de hábitos, todos los días desayunaba el mismo tazón de cereal integral con papaya, leche y una cucharada de miel de abejas, y para la comida prefería su cortadillo con papas y sopa de arroz, y cuando alguien se atrevía a romper esos sus hábitos alimenticios solamente se escuchaba cómo balbuceaba entre dientes las mismas maldiciones que para todo pronunciaba. Por las tardes le gustaba dormir una siesta o salirse con su vecino de enfrente a platicar, y todos los días invariablemente por lo menos uno de sus hijos lo visitaba y se quedaba un buen rato con él, platicando de cosas aparentemente triviales, pero que hacían que siguiera informado de todo lo que acontecía en su familia. En su cuarto almacenaba un montón de cosas y recuerdos, como una guitarra colgada en la pared que nunca aprendió a tocar, junto a un machete viejo y oxidado, y en la pared un daguerrotipo de un hombre joven muy parecido a él, que creo fue su padre.

Todos los años lo llevaban a la reunión anual de los Olivares, que no se dejaban de ver a pesar de que las familias habían crecido tanto que ya ni se conocían los unos a los otros, y dudo mucho que siguieran compartiendo alguna cosa en común aparte del apellido. Pero para Don Vicente era importante asistir y
buscar a sus igualmente arcaicos parientes, con los que llegó en bola hacía muchos años a la ciudad, y de los que quedaban cada vez menos. Así también cada año inculcó a sus hijos y a sus nietos la tradición de las posadas en los primeros días de diciembre, la cual culmina con la de su casa el día 24, donde todos pasan la navidad como una gran y unida familia. Y al igual que la noche del 24 se juntan la del 31 y la del 30 de diciembre, como hoy, cuando todos festejan el cumpleaños de ese patriarca férreo, hoy convertido en un viejo cálido y atento, igual de testarudo pero más dócil y amado que nunca.

Ya no lo volví a ver y estoy casi seguro que en mi vida volveré a cruzar palabras con él, pues el camino que nos unía se perdió en un cruel destino que me desterró de su existencia. Aún así si lo viera hoy le daría mis más sinceras felicitaciones, mi admiración, y mi gratitud por haberme dejado un día ser una pequeña parte de su largo y suntuoso camino. Ese, a grandes rasgos, es Don Vicente Olivares.

sábado 27 de diciembre de 2008

Encuentro con el destino

Me fui a encontrar con mi destino.

Había concretado con él una cita desde hace tiempo, y ayer pensando en ello no pude dormir. Me desperté temprano, me alisté y salí a la calle dispuesto a pelear. Llevaba los pantalones manchados, los tenis sucios, una polo deslavada por el uso y la vieja chaqueta de gamuza apolillada que alguna vez fue de mi abuelo. Así caminé lo que me pareció una eternidad hasta que llegué al lugar indicado a la hora pactada. Había más gente ahí, gente con la misma inquietud que traigo desde hace muchos años, puede ser desde que tengo memoria.

Me fui a encontrar con mi destino, con miedo a que me haya dejado atrás. Quise verlo de frente, tomar el valor que todos estos años nunca tuve para hacerle frente y así lo hice. Quise verlo una última vez para ver si aún me quedaba, para ponérmelo como un guante y ver si mi mano aún se amoldaba a él o ver si había cambiado... y cambié. Como era de esperarse mi destino no me quedaba más, no me esperó ni me perdonó todas esas malas decisiones que me hicieron perderle de vista desde aquella vez cuando, sin darme cuenta, tomé un camino diferente al suyo. Comprobé que eso ya no era para mí, que el maldito tiempo me había dejado atrás y que ya nada se podía hacer.

Regresé derrotado pero satisfecho con la pelea. No lloré, porque esta vez no me quedé de brazos cruzados sino fui tras él. Comprendí que no soy el primero ni el último infeliz que se ha quedado sin dirección. Ahora no tengo idea de a dónde ir, pero al menos tengo idea de a dónde no puedo ir, suena extraño pero hay algo tranquilizante en todo el asunto. Celebro mi derrota con una copa de vino blanco, uno muy malo por cierto, y las estrellas sobre mi cabeza.

miércoles 24 de diciembre de 2008

Dia soleado

El lunes fue el día más frío del año, hace mucho que no se sentía tanto frío por aquí. Ayer hizo suficiente frío como para disfrutarlo sin llegar a detestarlo. Hoy me levanté con el sol brillando sobre mi ventana, y una mañana de esas donde todo se ve amarillo, alegre y pinta bien. El dia pasó inadvertido, como siempre, entre el neurotismo de la casa y la visita especial de esos parientes que rara vez se asoman por acá.

Esta vez no hay regalos, eso ya quedó atrás para mí. Tampoco comida ni cena especial, porque gracias a la mala planeación de todos, al final nadie hizo nada. No hay nada nuevo y, peor, parece que cada vez somos menos los que nos sentamos en la noche a rezar el rosario: mi abuela, mi madre, mi tío y yo. Aún así siento esta nochebuena llena de dicha y calma, y tengo muchas cosas para estar agradecido...


jueves 11 de diciembre de 2008

Describiendo el viaje, parte 2

Veo pasar todos esos letreros por carretera, señalando los nombres raros de cada pueblo que rozamos en el camino. Casi todos ellos tienen nombres de santos, como San Rogelio, San Fernando, Santa Ana, San Juan. Otros tiene nombres un poco más raros, imagino que su significado es puramente mexicano, como Matehuala, Cholula, Xococotla, Apazapan. Algunos llevan el nombre de personas que escribieron la historia de nuestro país con sus vidas, como Hidalgo, Zaragoza, Juárez. Otros deben sus nombres a su propia geografía, o lo sacan de alguna historia que tiene que ver directamente con su gente, como Río Blanco, Pueblo Viejo, La Perla, Nogales, Boca del río. Mientras los paso imagino el tipo de gente que ha de vivir en ellos, algunos desolados y otros de aire muy acogedor, según lo sugiere el paisaje que mis ojos alcanzan a apreciar.

La tarde trae consigo cada vez más y más nubes que esconden el sol tras un tono entre celeste y gris que lentamente cubre el camino, y comienza a sentirse el fresco aire que augura una noche fría. Por suerte pronto llegaremos y la tarde habrá pasado ante nuestros ojos ya en nuestro destino. Mi cerebro va dictándome lo que voy viendo y quisiera haberlo escrito, y ahora me arrepiento de no haberlo hecho a tiempo, pues lo que leen es solamente una parte de la majestuosidad que en ese instante pude describir a la perfección.

Cada vez estoy más lejos de casa, cada vez más cerca de mi destino y deseo que el viaje se haga más largo para seguir disfrutando de mis pensamientos a solas con ellos. Pero tiene que terminar y termina, pues este viaje no es uno de esos que hace la gente cuando se siente "perdida" donde caminan y caminan hasta que encuentran lo que buscaban sin saber que era hasta encontrarlo. Este viaje es de ida y la ida termina en un lado del país
llamado Puebla, la colonial ciudad de los ángeles, y por 2 días enteros hago de esa hermosa ciudad parte de mí para poder adaptarme a caminar sobre su suelo, a convivir con su gente y no morirme de nostalgia, sino al contrario, alegrarme de estar donde me encuentro. Convivencia con mis compañeros entre nuestros asuntos pendientes conforman el tiempo que pasa y no sentimos para nada cómo es que se va terminando nuestro tiempo en ese lugar.

El viaje de regreso es el menos divertido. No solía ser así, solía ser todo lo contrario cuando tenía un motivo para regresar a mi casa y sentirme feliz de estar ahí. Solía contar las horas que faltaban para poder ver a los míos de nuevo y sentirme ordinario, retomar mis tareas del día a día y los placeres que las acompañan, y volver a mi feliz existencia. Sentía cada minuto lejos de la ciudad y de "ella" como una angustia que pronto
terminaría, y fue así que descubrí lo que era extrañar. Hoy no me siento con ganas de regresar, no me espera nada bueno, nada de lo que solía esperarme, y esa sensación de extrañar no tiene nada que ver con la tierra bajo mis pies, con la ubicación geográfica en la que me encuentro ni con mis obligaciones; es más bien un sentimiento imposible de desaparecer e imposible de satisfacer. Llego al tedio de mi ciudad y la encuentro extrañamente cubierta de polvo, y todo me parece viejo, desgastado. El sol baña las cosas de una manera diferente a como se ve en el campo y no siento que esté en el lugar correcto, pero lo estoy, y por más pesadez que sienta de nuevo vuelvo a pisar mi cuarto, a desempacar mis cosas y guardar mi guitarra, a mirar por la ventana el patio del vecino que me recuerda dónde estoy: estoy en mi vida, con todo lo que eso implica.

Creo que un viaje es mucho más que moverse de lugar, si uno quiere que así sea... solo basta con mirar por la ventana.

martes 9 de diciembre de 2008

Describiendo el viaje, parte 1

Me gusta viajar, eso no lo puedo negar. No es algo que hago muy seguido, y tampoco tengo oportunidad de disfrutar mis días fuera de la ciudad como si fueran vacaciones, porque no lo son. Siempre prefiero el autobús. Me encanta ver por las grandes ventanas hacia afuera y, aunque no es muy cómodo ir sentado en un espacio tan pequeño por tantas horas, he llegado a encontrar un aire placentero en toda la experiencia.

Esta vez partimos de noche y pude despedirme de la ciudad entre miles de lucecitas amarillas que adornan cada casa y calle lejana, conformando un manto estelar que parece caído del cielo sobre el paisaje metropolitano. Veo pasar los demás autos sobre las calles asfaltadas que lucen iluminadas por los faros mercuriales y el desfile de edificios y luces de anuncios que se perfilan todos para despedirnos. Después entrando a la carretera y desafanándonos por completo de la civilización cotidiana ya no se ve más que líneas blancas y amarillas que aparecen y desaparecen frente al autobús marcándole el camino y un par de autos que pasan delante de nosotros. El espectáculo está a los lados, donde la noche luce un hermoso vestido azul sobre las montañas que a lo lejos se observan totalmente pintadas de negro. Las estrellas se ven mejor ahí, colgadas sobre ese precioso cielo taciturno. El paisaje no consta de nada más que tierra oscura, arbustos entre sombra y sombra, y una choza de madera en medio de la nada que se ve iluminada, indicando que en su interior hay gente pasando la noche. Te da mucho para pensar.

De mañana el paisaje se ve inigualable. Apenas sale el sol y baña completamente todo lo que se alcanza a ver. Es un sol enorme con una intensa luz de un tono entre naranja y amarillo, y todo se ve de ese color. Mirar por la ventana para ver campos enteros surcados, sembradíos enormes de árboles y pedazos de tierra virgen cubiertos por esa luz que resalta el verde de sus entrañas. Ocasionalmente se ve alguna cerca que delimita el camino, o un río que alimenta la vida por donde pasa, incluso algún puesto de naranjas a orillas del camino. Comienzan las montañas y el paisaje se transforma un poco para mostrar árboles altísimos cubiertos de musgo en sus pies. El horizonte se pierde entre tantas y tantas montañas llenas de árboles y vegetación silvestre, y la tierra ahora luce salvaje; es una tierra sin dueño, que tiene vida propia y no depende de nadie para existir.

La mañana es el mejor momento para ir leyendo, y precisamente eso es lo que hago, tomándome un respiro cada ciertos minutos para no perder de vista esa ventana que me enseña todo cuanto he descrito. Leer con esa luz tan intensa y rodeado de ese paisaje no tiene comparación; casi puedo ver los paisajes que Allende pinta en palabras con sólo mirar hacia afuera, y sentir cada palabra, cada movimiento, cada acción de sus personajes sobre mi imaginación, fresca y despejada como la misma mañana.

De vez en vez llegamos a pasar por algún pequeño poblado, y puedo observar a sus habitantes. La vida en provincia se ve mucho más simple y armoniosa, y la rutina de su gente me inspira cierta belleza: la señora que barre la banqueta de su pequeña farmacia, el hombre cargando sacos llenos a su camión, la niña y su hermana cruzando la calle de la mano y muchas otras más. Que tranquila parece la vida en esos pequeños lugares escondidos del bullicio de las ciudades. Llego a pensar que encierran algo mágico, pues en provincia no se siente el tiempo como normalmente lo sentimos, estamos alejados de la ciudad y parece que las cosas funcionan mejor así. El aire es más fresco y el sol más claro y yo continúo con mi lectura.

viernes 5 de diciembre de 2008

Feliz cumpleaños Chito

Lo tengo desde enero y parece que han sido años ya. Cuando llegó dormía en una caja de zapatos, luego en un cojín pequeño, luego durmió en mi cama hasta que le hizo un agujero al colchón y mi mamá lo sacó al callejón. En fin... tantas anécdotas.
Pero hoy cumple 1 año de haber nacido y no me queda más que felicitarlo, aunque parece que a él ni le va ni le viene y lo que quiere es seguir corriendo, brincando y mordiendo cosas.

martes 2 de diciembre de 2008

Los amantes

Se abrazan tiernamente, mientras se visten de prisa por el miedo a que los padres de él lleguen y los encuentren como están. Mientras lo hacen ella se inclina hacia él y le da un beso, con una sonrisa le dice que lo ama y que quisiera que este momento durara para siempre, que tuvieran la casa para ellos solos y poder dormir y amanecer juntos. Él la toma de la cintura, súbitamente la jala hacia él y la mira a los ojos con intensidad. Luego delicadamente comienza a abrocharle la blusa con una mano mientras ella pone las suyas sobre los hombros de él, su amado, su tesoro, la mitad de ese incompleto que hasta entonces había sido su vida. Cuando terminan de vestirse se quedan mirando los ojos del otro y él ve en los ojos de ella un reflejo celestial, sus pupilas parecen un par de cristales color miel con destellos de cometas y pequeños astros lejanos, de esos que solo se ven en la noche. Se besan, pero este no es un beso tierno sino uno intenso, uno que hace que sus brazos se enreden alrededor del otro y que todo a su alrededor deje de existir. Apresurados salen de la recámara, bajan las escaleras de la casa y se sientan en los escalones de la puerta principal, contemplando la noche que apenas comienza y respirando la fresca brisa que la acompaña. Él la rodea con sus brazos y ella recuesta su cabeza en ellos. Comienzan a hablar de lo maravilloso que ha sido el momento que acaba de ocurrir, la travesura que acaban de hacer y que han repetido cientos de veces, y hablan de lo mucho que se aman mientras él le promete al oído con una voz baja que pase lo que pase siempre estarán juntos. Tienen 17 años y toda la inocencia de la juventud que les hace ver las cosas más hermosas y sublimes sin esfuerzo alguno.

lunes 1 de diciembre de 2008

Los camaradas

Un dibujo dice más que mil palabras...